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Servicio

Thai Yoga Massage

Sin aceites y sin camilla. Vestido, sobre una esterilla, dejándote mover. Cuando uno lo experimenta, la diferencia se percibe y se agradece enseguida.

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¿Qué es el Thai Yoga Massage?

El Thai Yoga Massage es una disciplina que nace en Tailandia, ligada a la Medicina y al Masaje Tradicional Tailandés (Nuad Thai), pero también al Yoga como influencia, combinado con un enfoque moderno surgido de la osteopatía. Se parece poco a lo que solemos entender en occidente por un masaje: no hay aceites, no hay una camilla.

Hay varias historias sobre el origen del Nuad Thai. Unos consideran que fue creado para aliviar y reparar el cuerpo de los trabajadores de los arrozales; otros lo atribuyen al Dr. Zhivago, médico del mismísimo Buddha, que creó una de las medicinas tradicionales más extensas y complejas del mundo, la tailandesa. Pero sí se conoce con claridad su objetivo: restablecer la circulación de la energía vital y lograr un equilibrio físico y energético.

El mapa de líneas

La medicina tradicional tailandesa es extensa y profunda, y es responsable de un mapa del cuerpo en el que se combina la estructura interna, las funciones corporales y los órganos con las energías del cuerpo. Retrata un mapa preciso, con puntos y diez líneas de energía principales.

Las líneas Sen no son únicamente energéticas en un sentido abstracto: están formadas por componentes físicos concretos —venas, arterias, nervios, fascias y tendones—, una estructura funcional. Trabajar sobre ellas es, al mismo tiempo, trabajar sobre el cuerpo físico y sobre su dimensión más sutil.

El Thai Yoga Massage es una combinación de lo tradicional y el enfoque moderno, donde prima un enfoque estructural del cuerpo a la hora de trabajar, pero donde de fondo se juega con conceptos y conocimientos de la medicina tradicional. Da lugar a un trabajo elaborado, con técnicas finas, precisas y adaptadas a cada cuerpo que se presenta.

¿Cómo es una sesión?

Durante la sesión la persona permanece vestida —ropa cómoda, que permita el movimiento fluido— y tumbada sobre una esterilla en el suelo. Desde ahí se trabaja sobre el cuerpo combinando presiones sostenidas, estiramientos pasivos y movilizaciones articulares que siguen el ritmo natural de la respiración.

El cuerpo es llevado por el movimiento, en lugar de ser él quien lo genera. Y en eso hay algo que puede sorprender: cuánto puede soltarse el cuerpo al dejarse hacer y mover, y cómo de liberadora puede ser la experiencia de no-hacer y de sentirse sostenido.

El estado de presencia y escucha del terapeuta añade una cualidad energética y meditativa a la sesión que marca la diferencia con otras prácticas. Eso es algo que procuro cultivar en cada sesión: que el tacto llegue desde un lugar tranquilo, atento, sin prisa. Algo que me han ayudado a cultivar los años de formación en Arun — Tacto Consciente.

El trabajo con la respiración es el eje de la sesión, como en todas mis sesiones, pero en este tipo de masaje se intensifica al ir trabajando y abriendo los canales energéticos de la persona.

El trabajo visceral

Siempre está la opción, cien por cien recomendable, de introducir en la sesión el trabajo visceral. Es opcional: aunque es enormemente beneficioso para la salud, puede resultar incómodo e intenso para muchas personas, ya que la zona del vientre es delicada y sensible al tacto.

Cuando aprendí en Tailandia, mi gran maestro Suriyan —uno de los referentes mundiales de Nuad Thai— daba un papel esencial a este tipo de trabajo, y me explicó el porqué y algunos de sus secretos. El vientre es el centro del cuerpo y es donde está nuestra primera boca, el ombligo; no es un lugar cualquiera.

¿Para quién es?

Para cualquier persona. No hace falta flexibilidad ni ninguna condición especial. De hecho, parte de lo valioso de esta práctica es que quien recibe no necesita prepararse para nada: solo estar.

Es especialmente interesante para quienes sienten el cuerpo rígido, cargado o con poca movilidad. Para personas con tensión acumulada que no termina de irse con el descanso. Para quienes llevan tiempo desconectados de su cuerpo y quieren volver a habitarlo. Y también, simplemente, para quien quiere cuidarse bien y vivir una experiencia de las que dejan huella.

Como siempre digo: no es necesario tener una dolencia para beneficiarse. A veces el mejor motivo es querer estar bien.

1 h — 50 €

1 h 30 — 65 €

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